La importancia de tener una casa pasiva

Las casas pasivas son consideradas las viviendas del futuro. En el siglo XXI, la construcción sigue la senda de la sostenibilidad y la eficiencia. La edificación de estas viviendas se caracteriza por el aprovechamiento de los recursos naturales para conseguir un bienestar natural.

El concepto de casas pasivas nace en Alemania. Proviene del término passivhaus. Lo crearon los arquitectos del país centroeuropeo buscando maximizar la eficiencia energética.

¿Cómo son las casas pasivas?

Hasta hace unas décadas, las viviendas se construían con anchos muros de adobe o tierra, orientadas hacia el sol y con una ventilación cruzada. Ahora la tendencia ha vuelto situándose a la vanguardia del sector.

Las construcciones de antaño eran así porque no existía el aire acondicionado ni los modernos sistemas de calefacción, ni siquiera había electricidad. Las viviendas se tenían que construir aprovechando la luz solar al máximo, con anchos muros que permitiesen el aislamiento y con estructuras que beneficiasen la ventilación.

Después, con los años, se impuso la ley del metro cuadrado. Los arquitectos y promotores se centraron en aprovechar el espacio. La tecnología sustituyó la búsqueda de la eficiencia. Sin embargo, hoy la tendencia se centra en la edificación sostenible.

Las viviendas saludables o pasivas se construyen optimizando la eficiencia energética. El objetivo es crear un bienestar o confort interior con un mínimo consumo. Los arquitectos buscan maneras naturales de conseguirlo.

Una casa ecológica se puede construir siguiendo cualquier estilo. Sin embargo, todas comparten puntos en común. Se utilizan materiales que son naturales o provienen del reciclaje. Se instalan grandes ventanales que permiten aprovechar al máximo la luz solar.

Se construyen con aislamientos de tecnología avanzada para mantener un equilibrio térmico, independientemente de la temperatura exterior. El interior de la vivienda presenta un estado confortable de manera continuada sin necesitar fuentes energéticas no naturales, como sistemas de calefacción o aire acondicionado.

La eficiencia energética de las casas pasivas se logra aprovechando los recursos naturales. Los arquitectos buscan la mejor orientación de la vivienda para conseguir más luz solar, crean sistemas de ventilación cruzada natural. Incluso se incorporan sistemas para aprovechar el agua de lluvia.

El diseño de estas casas se adapta al propio entorno. Se integran en el espacio. Los materiales son de primera calidad y se utilizan aislamientos de tecnología avanzada como el Neopor y cerramientos eficientes que favorecen un hermetismo total y casi perfecto.

 

Las casas pasivas de hormigón

Un tipo de casa pasiva es la casa de hormigón construida con el sistema ECO-BuinkerHaus con Neopor. El Neopor es el mejor aislante del planeta. Se trata de un método que se desarrolla sobre una base de hormigón doble armado y poliestireno grafitado. Es lo que se conoce como encofrado perdido que se rellena de hormigón. Cuando se coloca en la casa, es un monolito de aislamiento doble y hormigón continuo sin puentes térmicos.

Estas casas pasivas son también casas sostenibles. En su construcción, se optimizan los recursos naturales al mismo tiempo que se busca la autosuficiencia energética. La excelencia se consigue combinando ambos elementos, por ejemplo, utilizando aislantes de última generación, aprovechando al máximo los recursos naturales e instalando placas solares para conseguir electricidad.

De esta manera, el ahorro energético es del 80 o 90 % y la calidad de vida que se obtiene es excelente. Todo ello se traduce en toda una serie de beneficios para la salud de las personas.

Ventajas de las casas de hormigón

1. Ahorro energético

Las casas pasivas que se construyen con el sistema constructivo ECO-BunkerHaus con Neopor optimizan su aislamiento acústico y térmico. Se puede aplicar tanto a viviendas antiguas como a nuevas. Por ejemplo, el consumo de calefacción en una casa de hormigón como esta sería de 15 kWh/m2 durante todo el año. Una cifra que dista mucho de los 400 kWh/m2 de una vivienda tradicional.

El ahorro energético es de más del 90 %.

2. Durabilidad y resistencia

Gracias al sistema constructivo que emplea hierro y hormigón, el edificio logra una gran resistencia. La estructura de monolito permite que las paredes sean de hormigón sin que existan puentes térmicos. Además, gracias al Neopor Basf que protege el encofrado, se evitan las humedades y el desgaste. Al final, es una especie de vivienda indestructible.

3. Agilidad en los procesos

La construcción tradicional exige un plazo de ejecución mucho mayor que el ECO-BuinkerHaus. El Neopor se presenta en bloques que facilitan la rapidez de su montaje y se puede aplicar en cualquier tipo de edificio, independientemente de su uso.

4. Doble ahorro económico

La rapidez de la construcción permite ahorrar costes y se mejora la productividad del equipo. Al final, se brindan construcciones de alta calidad a precios competitivos. El ahorro económico es más grande porque se consigue en el proceso constructivo y en el disfrute de la vivienda en sí a lo largo de su vida útil. La garantía del sistema es de 50 años.

5. Versatilidad

Es un método de construcción preindustrial que se caracteriza por su flexibilidad. Se puede adaptar a cualquier proyecto arquitectónico, independientemente de los acabados que se utilicen.

6. Sin humedades y con resistencia al fuego 

La vivienda queda completamente impermeabilizada gracias al aislamiento de los materiales. Se trata de un producto sostenible, ecológico e ignifugado, capaz de resistir hasta tres horas de fuego abierto si se produce un incendio en la vivienda.

 

7. Resistente a los terremotos y con aislamiento acústico

Las construcciones monolíticas ofrecen una gran resistencia a los movimientos sísmicos. Pueden soportar hasta terremotos de 8,5 grados de la escala Richter. Además del aislamiento térmico, también se logra un óptimo aislamiento acústico. En la vivienda se respira paz y tranquilidad.

¿Por qué es importante tener una casa pasiva?

Las casas pasivas de este tipo ofrecen considerables beneficios para la salud. Gracias a su sistema aislante, se evitan las humedades y los ruidos. Todo ello permite prevenir enfermedades respiratorias e insomnio. Las personas que viven en estas casas descansan más y tienen mejor calidad de vida.

La climatización de la vivienda es natural. Los inquilinos no se exponen a las consecuencias de sistemas de calefacción y aire acondicionado artificiales. Se evitan resfriados y dolores en los huesos que producen los equipamientos mecánicos. No se necesitan, porque las construcciones están diseñadas para optimizar la temperatura interna.

Por otra parte, el ahorro económico es considerable. Primero, porque el sistema constructivo es más asequible que el artesanal y tradicional. Segundo, porque el mantenimiento de la vivienda es más barato. Consume un 90 % menos de energía. Si a ello se le suma la posibilidad de incluir placas solares o sistemas de energía renovable, se consigue la autosuficiencia energética: la libertad.

Se trata también de una casa ecológica. Es respetuosa con el entorno, aprovecha al máximo los recursos naturales y es bioclimática. El proyecto arquitectónico se diseña en función del clima de la zona en la que se ubicará la construcción. El movimiento del sol, la proximidad al mar, las corrientes externas, los cambios de temperatura o las condiciones meteorológicas influyen directamente en su diseño.

Es importante que estas viviendas saludables se construyan con los materiales adecuados. Además del sistema monolítico del Neopor, también deben disponer de ventanales que mejoren la eficiencia energética. El hermetismo de este método evita la humedad y, por tanto, el moho que causa problemas respiratorios.

Por otra parte, gracias a la ventilación mecánica, el aire del interior se renueva continuamente. Filtra el aire sucio. Con un recuperador de calor no se necesita ningún sistema de calefacción. La vivienda presenta un equilibrio térmico todo el año, sin que le afecte la temperatura exterior.

El calor en exceso perjudica  la salud de las personas, sobre todo de niños y mayores. Incluso puede producir un aumento de la presión sanguínea, lo que se traduce en mareos, fatiga o cansancio. Y si en vez de calor los inquilinos pasan frío, también tendrán problemas de salud.

Conclusión

Las casas pasivas y sostenibles son las viviendas del presente. Mejoran la calidad de vida de las personas, la salud y previenen enfermedades. Su proceso de construcción es asequible. Su mantenimiento es mucho más económico que el de una vivienda tradicional. El ahorro energético y económico está garantizado en este tipo de edificaciones.

Además de ser buenas para la salud de las personas y para su bolsillo, son respetuosas con el medioambiente. Son viviendas sostenibles que pueden ser completamente autosuficientes. Están construidas con materiales reciclados o provenientes de recursos naturales. Se integran en el entorno. Combinan vanguardia, calidad de vida y respeto.

Este tipo de construcción que nació en Alemania se está implantando en todo el mundo. Es la preferida en países nórdicos y de Oriente Medio. No es casualidad. Las personas necesitan hogares con calidad de vida. Casas en las que descansar y vivir bien. Viviendas económicas de mantener en las que se optimicen los recursos energéticos.

Al igual que las personas necesitan vivir bien, también precisan trabajar en las mejores condiciones. Por eso, el sistema se puede aplicar a cualquier tipo de construcción: residencial, comercial o industrial. Las casas pasivas han llegado para quedarse. No son simples construcciones. Son toda una filosofía de vida.

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